EL ESTUDIO DE FINALES DE PARTIDA

SOBRE LA FUNCIÓN DE INSTRUCTORES Y ENTRENADORES COMO FORMADORES DE NUESTROS AJEDRECISTAS

Alexis Murillo Tsijli
Maestro Internacional de Ajedrez

La Federación Central de Ajedrez desde hace ya algún tiempo no organiza cursos para instructores y entrenadores de nuestra disciplina. Esto es lamentable porque estos cursos constituyen un centro de discusión e intercambio de ideas. Estamos seguros de que los nuevos vientos que soplan en el ente federativo llevarán a cambios positivos en esta área.

Sin embargo, existen algunas alternativas para llenar el vacío que se produce por falta de cursos. Uno de ellos es el intercambio de ideas a través de la publicación de materiales de entrenamiento y propuestas en los diferentes medios que nos ofrece la web.

Alguna vez, en conversación con un destacado excampeón nacional, él compartió conmigo su idea de que al existir tantos libros publicados, bases de datos y tantos artículos en la Internet, ya no tiene sentido escribir y publicar nuevos materiales ajedrecísticos. No comparto esta idea por muchas razones. De momento, me parece apropiado esbozar dos razones fundamentales:

La primera es que la mayoría de los materiales que se pueden consultar son apenas una base para los instructores y entrenadores para construir sus propios materiales de clase o entrenamiento, aunque muchas veces parecen ser acabados y definitivos. Son apenas propuestas de técnicas y métodos.

La segunda razón se encuentra en que estas técnicas y métodos propuestos son adecuados a las realidades de competición, de organización y de disponibilidad de recursos de otros países. Es muy importante adaptar esas propuestas en nuestra labor a las realidades nacionales, e incluso con más detalle a las realidades locales.

En Costa Rica todavía no se ha logrado distinguir en la práctica la diferencia entre enseñar ajedrez y entrenar para competir en ajedrez. Quienes de alguna manera nos hemos relacionado con la enseñanza y el entrenamiento, por ejemplo, trabajando para un comité cantonal de deportes o para una escuela, nos encontramos con que muchas veces debemos hacer un alto en una sesión con jugadores intermedios y avanzados (aclaro que esta clasificación me parece inapropiada) para enseñar a jugar a nuevos jugadores que no conocen ni siquiera el movimiento de las piezas. A pesar de que se establezcan horarios diferenciados, este tipo de dificultades persisten y se resisten a desaparecer.

En ese sentido, la propuesta de Miguel Soutuyo (en su libro “El Ajedrez en la Escuela, Hacia una nueva forma de enseñar el ajedrez en las escuelas”, Ediciones Novedades Educativas, Buenos Aires, 2000), de establecer claramente la enseñanza del ajedrez en clubes en escuelas, (no materias especiales), y separarlas del entrenamiento en un nivel superior (que en el caso de nuestro país calza con el ajedrez de los comités de deportes para Juegos Deportivos Nacionales) se puede adecuar bien a nuestra realidad y responde bien al espíritu de la Ley del Deporte (Creación del ICODER). Incluso podríamos agregar que luego debe reconocerse el tercer nivel que es propiamente el ajedrez federado, donde también debería existir una estructura permanente de instructores y sobre todo entrenadores para jóvenes avanzados.

Por supuesto existen muchas dificultades por vencer, como la falta de reconocimiento en el pago justo a instructores en las instituciones educativas, en los comités de deportes, falta total de entrenadores permanentes en la federación, los fallos en la estructura de Juegos Deportivos Estudiantiles (del Ministerio de Educación) y la mala comunicación entre instituciones educativas, comités de deportes, asociaciones y la federación.

Sin embargo, no todos los problemas deben verse en las leyes y en las estructuras administrativas. Muchos problemas surgen de nuestra propia labor como instructores y entrenadores. Por eso, si se pretende ser un buen instructor y un buen entrenador, es muy importante tener no sólo las ganas de serlo, sino meditar constantemente en la labor que realizamos, buscar capacitarnos de manera permanente y tener la suficiente humildad para cambiar las acciones que prueban ser insuficientes o totalmente equivocadas.

Además, debemos intentar ser muy objetivos en nuestro trabajo. Debemos separar ciertos anhelos personales, que muchas veces son inconscientes, de las realidades de los jóvenes que están bajo nuestra instrucción.

Por supuesto que podríamos extendernos mucho si detallamos más cada uno de los puntos anteriores, o si buscamos otros que no hemos mencionado. Mas prefiero simplemente dejar estos planteamientos inconclusos, porque serán siempre tema de futuros intercambios de ideas, lo cual nunca tendrá fin.

Quiero compartir con los formadores un material de entrenamiento concreto muy básico (que se entregará en un próximo artículo) con algunas reflexiones.

Antes de ello debo advertir que muchas veces los instructores y entrenadores pecamos al esperar que los jugadores principiantes se salten muy rápido las etapas en su formación. Estas etapas las separa Soutuyo en el niño de la siguiente forma: 1. Etapa de los movimientos, 2. Etapa del comer, 3. Etapa del jaque mate y 4. Etapa del equilibrio.

Estas etapas las recorre cada niño a una diferente velocidad, lo cual no implica que quienes las recorren “más rápido” sean necesariamente mejores o más talentosos. Tampoco se puede decir que pasar de una etapa a otra se dé de una manera muy clara y es por eso que el ojo atento del instructor-entrenador es muy importante para ir clasificando la etapa en la que se encuentra cada uno.

Soutuyo, con buen fundamento, explica que la mejor manera de hacer que los niños principiantes vayan superando cada etapa es simplemente dejándolos jugar todo lo que puedan entre ellos, sin recibir desde el inicio lecciones de cómo deben jugar como si se tratara de una materia. Al principio la labor del instructor es ir reforzando los conocimientos que los mismos niños van descubriendo por sí mismos. Por ejemplo, cuando un niño está en la primera etapa, sus esfuerzos no se concentran en realizar una “buena” partida, sino apenas en realizar jugadas legales. El instructor debe insistir sutilmente en las reglas de cómo se juega ajedrez cada vez que hay una jugada ilegal. Pero debe concentrarse únicamente en las reglas (por ejemplo, cómo se mueve un alfil, cómo se realiza el enroque, cómo se realizan las capturas en especial la toma al paso, las promociones sin insistir que se debe pedir dama sino lo que uno quiere, o que un rey no puede permanecer en jaque). Ciertamente se pueden crear materiales con ejercicios sobre el movimiento de las piezas, pero estos materiales deben ser claros y pequeños, para que los niños sigan progresando sobre todo con la práctica de sus partidas. Entre más partidas juegan se van dando cuenta que quienes comen más piezas son los que más victorias obtienen y por eso empiezan también a comer piezas con avidez y llegan a la segunda etapa. El instructor puede ir observando que algunos niños empiezan a sacar las piezas un poco más al centro o que a veces no descuidan una pieza amenazada y la retiran a un sitio seguro. En esos momentos el instructor puede alabar tales acciones por si mismas para que se refuercen, sin necesidad de indicar que era mejor otra jugada. Cuando los niños pierden partidas por jaque mate a pesar de una abrumadora ventaja material, se van dando cuenta que de la importancia de la seguridad del rey y de las bondades del ataque. Cuando buscan dar jaque mate y pierden interés en el material se ha llegado a la tercera etapa. La cuarta etapa, del equilibrio, se alcanza cuando los niños se dan cuenta que el jaque mate es muy importante pero que no se puede descuidar el equilibrio material.

Es importante que los instructores separen a los jugadores que van avanzando más rápido para no desalentar a los que avanzan con más lentitud, lo cual facilita mantener el grupo numeroso. En el mediano y largo plazo se puede constatar que muchos de los niños que al principio se mantenían rezagados luego alcanzan a los más avanzados, e incluso algunos llegan a superarlos.

Las diferentes etapas pueden ser recorridas por los niños en plazos muy dispares, que pueden ir de un mes a seis meses. Entre más partidas jueguen estos plazos tienden a ser más cortos.

Cuando se llega a la etapa de equilibrio, los niños muestran mayor interés en obtener conocimientos ya establecidos. Es muy importante que esos conocimientos ya sean impartidos con cierto método y con ciertas técnicas. Y obviamente el paso del tiempo nos va indicando que poco a poco se necesita mayor rigurosidad.

Entre las primeras lecciones que ya podemos considerar “formales” de ajedrez se encuentran las de cómo dar jaque mate con poco material. Ya en esta etapa me separo de Soutuyo porque su trabajo se concentra en las primeras cuatro etapas, tras las cuales se pasa al niño al nivel superior. (Queda abierta la discusión sobre si ya en la tercera etapa se puede introducir algún tipo de lección formal).

Ya aquí empieza una dificultad nueva. Como hemos visto los avances de los niños, y a pesar de que tal vez intentamos cumplir con el ideal de formación de Soutuyo, es muy probable que de todas maneras hemos intentado forzar el paso. En esto puede influir la presión de una escuela o de un comité de deportes para participar en determinados eventos con ciertos “éxitos” deportivos. Sin embargo, debo llamar la atención en que es más importante respetar un proceso, y por esta razón hay que resistirse a las presiones.

Bien, ahora ubiquémonos exactamente en el momento en que hay que enseñar los jaque mates básicos. Hablamos de cómo dar jaque mate al rey solitario con dos torres, con dama y torre, con rey y dama, con rey y torre, etc.

A esta etapa le hemos dado muy poca importancia en Costa Rica, porque consciente o inconscientemente la consideramos “demasiado básica” o “muy fácil”. Tal vez interfieren ideas equivocadas como la más típica de todas: “esto nunca pasa y es más importante estudiar aperturas”. Esto provoca que se les imparta en una única lección todos los mates básicos y se pretenda que esa materia no hace falta ni repasarla. Así los instructores y entrenadores saltan directo a combinaciones en el medio juego y a la defensa siciliana, para volver a ver un final quién sabe cuándo.

Al respecto, deseo tomar como mías las palabras de Yuri Averbach (en “Teoría de los Finales de Partida”, Colección Escaques, España 1987, página 8):

“Es relativamente más fácil estudiar el final de partida con su pequeño número de piezas y peones que estudiar las demás fases del juego. En el desarrollo de la teoría ajedrecística a lo largo de los últimos 100 años, se han analizado concienzudamente y se han publicado en la literatura del juego, docenas de posiciones de final de partida. En estas posiciones se han encontrado los mejores métodos de ataque y de defensa, y el resultado final, considerado correcto por ambos bandos, ha llegado a determinarse. Además, para muchos finales se han establecido procedimientos típicos de juego y se han elaborado métodos auxiliares que permiten una apreciación rápida y exacta de la posición. A los finales que han sido investigados de esta forma se les llama teóricos. Al jugar estos finales, que a menudo están muy lejos de resultar fáciles, un conocimiento exacto es de la mayor importancia; cuando se los usa con acierto, la partida inevitablemente acaba con el resultado previsto.”

Sobre estas palabras me llama la atención que muchas veces los instructores-entrenadores se molestan porque un niño no logra ganar un final que supuestamente “ya se vio en clase”. En su frustración, quizás incluso por vergüenza, regañan al niño por no ganar algo “tan fácil”. Tal actitud lo que hace es trasladar la frustración al niño, provocando en él que pierda el gusto por el estudio de finales, y la situación lejos de solucionarse se reproduce. Aquí debemos ser humildes y recordar que era nuestro deber asegurarnos de que lo que impartimos haya sido debidamente asimilado por los niños, de tal manera que ellos siempre se encuentren en capacidad de reproducir en la práctica sus conocimientos.

Averbach prosigue más adelante: “Cuando se aprende ajedrez, uno debe empezar con un análisis de posiciones simples con un pequeño número de unidades combatientes. Y éstas, por regla general, son posiciones de final de partida. Analizando finales claras con las más variadas combinaciones de material, el principiante puede llegar a conocer las características especiales de las diversas piezas y el mecanismo de la lucha que sostienen unas contra otras. Habiendo adquirido una sensibilidad respecto a las propiedades de las diferentes piezas, puede comprender más fácilmente el modo cómo trabajan juntas. Así, el estudio de los finales más simples debería preceder al análisis de las aperturas y del juego medio.”

Con estas meditaciones preliminares espero llamar la atención de los instructores y entrenadores que tienen relación con la formación de niños en el ajedrez. Espero que se establezca un clima de discusión e intercambio de ideas en esta área. Queda allanado el camino para proseguir con el siguiente artículo, que pronto se publicará, sobre el final concreto de rey y dama contra rey.

Este, junto con los demás finales básicos de cómo dar jaque mate, deben recibir la mayor atención de nuestra parte. Me temo que muchos ajedrecistas jóvenes no están aprendiendo bien las bases de nuestro juego porque los hemos abandonado en esta área. Por esta razón, algunos jugadores que aprenden apenas un poquito de finales se convierten en los reyes tuertos de un país de ciegos.  Lo más grave de todo, es que fuera de nuestras fronteras no hay tantos ciegos.

Comentarios

Entradas populares de este blog

LIBRO "AJEDREZ EN GUATEMALA" DE HANS COHN

SOBRE LA REGLA DE "TOLERANCIA CERO"

CAMPEONATO MUNDIAL JUVENIL ATENAS 2012 IN SITU