CAMBIEMOS DE ACTITUD

¿PROBLEMÁTICA?
¡NO EXISTE!
¡MENTE POSITIVA!

Cada cierto tiempo tengo la oportunidad de conversar con diferentes aficionados, jugadores, exjugadores, padres de jóvenes ajedrecistas, árbitros y dirigentes. Cierto que ese contacto y comunicación con los demás no solo se realiza en el mundo del ajedrez, pero quisiera referirme principalmente a los que hay dentro de este que es mi gremio favorito. Esas conversaciones me sirven para alimentar mi conocimiento sobre las diferentes perspectivas, las preocupaciones, los intereses, sueños, proyectos y claro, ¿por qué no?, de las frustraciones que todos de alguna manera tenemos. Muchas veces los pensamientos positivos, las esperanzas, los proyectos, chocan contra muros reales, pero la mayoría de las veces son muros imaginarios que vamos creando hasta darles una dimensión desmesurada, de manera tal que vemos gigantes donde hay molinos de viento.
A veces, el techo que construimos y queremos alcanzar es demasiado alto para los recursos disponibles y para el esfuerzo que estamos dispuestos ha hacer para conseguir los necesarios. A veces es al revés, y sobredimensionamos la importancia de metas muy pequeñas y locales para equipararlas a las más altas, con lo cual además se interfiere innecesariamente con personas con las cuales no estamos compitiendo realmente.
Es muy frecuente que las personas que están en disposición de ayudar a los demás, sean llamados entrenadores, árbitros, dirigentes, benefactores y un muy largo etcétera, sean blanco de los ataques, serruchadas de piso, difamaciones, y otros muchos recursos negativos de parte de las mismas personas que pueden ser las beneficiadas de su trabajo, o bien, de los mismos colegas. Una de las más destructivas actividades dentro del ajedrez nacional es afirmarse como el único que sabe, el único que hace. Un maestro de escuela en Upala no creo que saque tiempo para atacar el trabajo de otro en Puerto Viejo: pero si es común que un ajedrecista de la Metrópoli intente devastar los esfuerzos de otro en la Vieja Metrópoli.
Obstruir el trabajo de los colegas es obstruir el trabajo de uno mismo. Los gremios se construyen para el progreso y la defensa de intereses comunes. El respeto, y por qué no, la veneración por el trabajo ajeno, son de suma importancia para que los demás tengan las mismas actitudes con uno. En efecto, en el ajedrez nacional hay muchas personas con grandes conocimientos para formar a ajedrecistas en formación, entrenadores para avanzados y con un nivel competitivo diferenciado, hay dirigentes muy diligentes y árbitros con gran conocimiento de lo que hacen.
Quienes no creen tener el nivel de los demás, o necesitan destruirlos para poder ocupar sus puestos porque creen que esas fuentes de “empleo” en el ajedrez son únicas terminan haciendo el ridículo o destruyendo esas fuentes de ingreso incluso para ellos mismos. Es mejor ceder, dar campo a que otros se vean beneficiados por su trabajo pues con el tiempo eso hará crecer la demanda por nuestra actividad.
Subvalorar el trabajo propio es otra manera de destruir el trabajo de los demás. Cierto que en otros gremios ese es un fenómeno problemático pero que el tiempo va corrigiendo. Por ejemplo entre taxistas o entre abogados. Hay muchos oferentes del servicio y para competir por los clientes, que también son numerosos, muchos han recurrido a bajar precios. Sin embargo, las leyes de mercado funcionan bastante bien como para que con el tiempo se llegue al precio de equilibrio. Los caros sólo podrán sobrevivir si ofrecen mucha calidad y los muy baratos desaparecen porque no cubren costos de operación. Pero en el ajedrez no tenemos una oferta grande de entrenadores ni de árbitros. Todavía podríamos hacer una lista exhaustiva sin necesidad de gastar media página. Las leyes de mercado no funcionan para llegar a un precio de equilibrio. Que se subvalore el trabajo solo logra que los colegas abandonen esta actividad y se destruye en todo caso el trabajo propio. Uno de los factores que dan sentido al trabajo de un entrenador es que haya competencia. Si dos o tres cantones son los únicos que tienen entrenadores con bajos salarios y los demás los tienen por amor al arte, pronto se verá que quienes no cuentan con recursos van desapareciendo y los que tienen escasos recursos no progresan.
Uno de los sueños de todos los ajedrecistas es que se imparta el ajedrez desde las escuelas. Algo como una materia obligatoria. Una meta muy alta y además innecesaria. Si observamos que ni siquiera la política del Estado costarricense de llevar el inglés a todos los estudiantes ha sido posible por falta de maestros tanto en número como en calidad ¿es realista pensar que podríamos cubrir a toda la población de estudiantes con los recursos humanos con los que contamos en el ajedrez nacional?
Además, todavía dentro de nuestro gremio tenemos personajes que creen que el ajedrez debe impartirse gratuitamente. Por ejemplo, sé de un caso en el que un ajedrecista de renombre ofreció los servicios para hacer un club de ajedrez en una institución privada, y no fue contratado porque otro ajedrecista llegó al mismo lugar a ofrecer lo mismo ¡gratis! De más está decir que en poco tiempo el club cerró y esa institución no volvió a mostrar interés en este tema.
En los casi veinte años que llevo siendo entrenador de ajedrez me he topado con muchos padres de familia que piensan que la Federación debe dedicar todos sus recursos a los jugadores infantiles. Luego de tres, cuatro o cinco años, muchos de esos padres de familia desaparecieron del medio porque, aunque sus hijos tenían mucho talento y prometían llegar a muy altos niveles, de pronto perdieron el interés por el ajedrez. Ese es un fenómeno natural e independiente de la cantidad de recursos que se dediquen al ajedrez infantil. Otros, cuyos hijos progresaron un poco más y permanecieron, empezaron a cambiar el discurso para pedir que los recursos se destinaran nada más a los jugadores juveniles consolidados porque demostraron que de verdad “tienen nivel”.
Probablemente la queja tiene mucho que ver con los escasos recursos con los que cuenta el ajedrez nacional. La Federación de Ajedrez se financia sobre todo con los aportes que brinda el Estado a través del ICODER, y no ha sido raro que esos aportes muchas veces no se hagan efectivos. Otra fuente importante es la inscripción de los jugadores en ciertos eventos. Una queja muy generalizada entre jugadores y dirigentes es que no hay patrocinios. Pero yo pregunto ¿es ésa una queja válida? Creo que no, porque no hay un esfuerzo sistemático por conseguir y conservar patrocinadores.
Otro tópico importante y que dichosamente se está trasladando al ojo de la tormenta en las discusiones es el papel de desempeñan las Asociaciones y el que deberían desempeñar. El qué y el deber ser, son cosas diferentes. Desgraciadamente, hemos convertido a las asociaciones en lo que no debe ser, y con ello hemos logrado el mismo resultado con la Federación. Si hay veintiuna asociaciones deberíamos esperar que ya terminando septiembre u octubre se hayan realizado veintiún torneos clasificatorios de Tercera Categoría, uno en cada asociación federada. Aún aceptando que algunas tuvieran alguna razón de peso para no realizar esta actividad, eso no debería pasar más que en dos o tres. Esta afirmación es válida igualmente para los clasificatorios de Segunda Categoría.
¿Cuál asociación de ajedrez ha establecido un convenio con alguna institución educativa? ¿Cuál asociación ha buscado patrocinadores? ¿Cuál asociación ha llevado un rato de ajedrez a un asilo o a un orfanato? ¿Cuál ha donado siquiera un tablero, un reloj o un libro a una escuela de escasos recursos? ¿Cuántas están realmente haciendo al menos torneos de vez en cuando? ¿Adónde, por el Amor de Dios, se están impartiendo charlas, conferencias, sesiones de partidas simultáneas…? ¿Cuál ha organizado una exhibición de promoción para enseñar ajedrez al público en general? ¿Cuántas pueden decir que cuentan con los servicios de un árbitro bien formado y reconocido por la FCA?
¿Esperamos que todo eso lo realice la pobre Federación? Parece que aún no comprendemos ni siquiera las verdaderas funciones de la Federación y de las Asociaciones aunque están escritas en sus Estatutos.
Aparte de toda la gran actividad que puede estar enmarcada por el “ajedrez federado” también existe otra faceta en la que apenas ha habido incursiones esporádicas y tímidas. La organización de actividades ajedrecísticas desde la perspectiva empresarial. Las excusas parecen redundantes: “es que la Federación sólo poner trabas”, “es que la Federación debería apoyar el trabajo”…
No, eso no es empresa (privada). Si usted quiere lucrar con el ajedrez, puede hacerlo desde esa perspectiva, que de parte de la Federación recibirá lo único que ella puede ofrecer y que es lo único que usted necesita: el visto bueno.
Eso me lleva a otro punto: la realización de torneos internacionales. Es muy común oír grandiosas ideas de cómo hay que hacerlos y al final establecer que esa es una función de la FCA. Si hacemos una lista de torneos internacionales en el mundo ¿Cuántos son los que organizan directamente las federaciones nacionales? ¡Casi todos los eventos son iniciativas privadas!
Invito a meditar acerca de nuestra verdadera ubicación en el ajedrez nacional. Es algo muy sencillo. No soy ni más ni menos que X. Sobre la problemática del ajedrez, sea nacional o en mi entorno inmediato, ¿cuáles son los límites, las dificultades, los desafíos? Esto nos permitirá contestar también otra pregunta muy importante ¿qué puedo aportar?
Esta meditación nos abrirá los ojos y nos hará comprender que todo lo que hemos mencionado antes es poca cosa. Está lleno de trivialidades. Preguntas simples con respuestas fáciles. Problemillas cotidianos con soluciones inmediatas. Tan sencillo como tener sed y tomarse un vaso de agua.
Si esta meditación la hacemos a consciencia, nos sorprenderemos de los resultados y nuestra actitud pasará a ser muy positiva, lo cual dará frutos muy dulces y numerosos.
Cuando eso sucede se hace historia.
Un día mi hermano Manuel y yo estábamos hablando de que muchos ajedrecistas se referían a la necesidad de un libro sobre el ajedrez costarricense. De pronto nos pusimos serios y decidimos hacerlo nosotros. Al final ¡escribimos dos!
Un día un niño llamado Alejandro Ramírez dijo a sus padres que quería ser Gran Maestro, sus padres le creyeron, y nada los detuvo.
Muchos decían que hacía falta un club de ajedrez en San José. Un día un grupo de personas decidieron pasar a la acción y ahí está el Club Metropolitano de Ajedrez.
Pensemos en torneos de todas las categorías, pensemos en entrenadores en las selecciones nacionales, pensemos que pronto tendremos los recursos necesarios para llevar el ajedrez a todo el territorio nacional, que mejorarán los premios, que nuestros niños podrán ir a cualquier torneo internacional con todos los gastos pagos y todo lo que se les ocurra. Pasemos a tener una mente positiva sobre el ajedrez nacional y desechemos todo el negativismo.
Yo me atrevo a pensar en la Olimpíada Mundial de Ajedrez en San José en el año 2016 y ya creo que es una realidad. Piense bien si su reacción refleja una mente positiva.

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